Limpieza de lodos

Lecciones de la DANA sobre el riesgo microbiológico del lodo tras una inundación

Tras la DANA de 2024 en Valencia, el lodo depositado no fue solo un problema de limpieza. También era una matriz ambiental compleja formada por materia orgánica y restos urbanos. Este trabajo muestra que estos sedimentos contenían bacterias capaces de crecer en condiciones favorables, algunas propias de patógenos oportunistas. El hallazgo no debe interpretarse como una alarma sanitaria, sino como una llamada a incorporar la vigilancia microbiológica en la gestión de futuras inundaciones.


Recuerdo perfectamente aquellos días de finales de octubre de 2024, cuando la DANA descargó con una fuerza inaudita sobre Valencia y dejó tras de sí un paisaje de destrucción y una capa de fango que lo cubría todo. Un mes después, una vecina de Paiporta, preocupada por el olor persistente del lodo y por la posibilidad de que pudiera suponer algún riesgo para la salud, contactó con nuestro grupo y nos trajo muestras para analizarlas.

Lo que encontramos confirmó que el lodo no era un residuo inerte. Tras cultivarlo en el laboratorio, observamos cargas elevadas de bacterias capaces de crecer en medios de cultivo; es decir, bacterias cultivables. La mayoría pertenecían a grupos habituales en ambientes acuáticos, suelos o aguas contaminadas tras lluvias intensas. Su presencia es coherente con lo que ocurre durante una inundación: el agua arrastra materia orgánica, sedimentos y, en ocasiones, restos procedentes de sistemas de saneamiento afectados.

El lodo de la DANA debía manejarse con prudencia, contenía bacterias de interés sanitario

Entre los microorganismos identificados había especies de interés sanitario, como Escherichia coli, Salmonella spp. o Enterobacter. Esto no significa que el lodo fuera una fuente directa de infección para la población, sino que contenía bacterias indicadoras de contaminación fecal o ambiental y, por tanto, debía manejarse con prudencia. De hecho, las cepas de E. coli encontradas no pertenecían a los principales grupos que causan infecciones intestinales.

El estudio de una selección de las bacterias aisladas reveló que algunas podían formar biopelículas, estructuras que les permiten adherirse a superficies y persistir mejor en el ambiente. Un aislado concreto de E. coli, además, fue capaz de resistir el efecto bactericida del suero de la sangre humana y el de varios antibióticos, rasgos que justifican seguir investigando este tipo de ambientes desde una perspectiva de salud pública.

Buscamos también especies patógenas del género Vibrio, porque la zona afectada está conectada ecológicamente con ambientes costeros y con el lago de la Albufera, donde nuestro grupo ha estudiado previamente algunas especies de este género. No conseguimos aislar ninguna de estas especies, aunque sí detectamos una señal molecular muy débil del patógeno Vibrio vulnificus, compatible con una presencia muy baja o con un estado no recuperable por cultivo.

El riesgo de infección directa era bajo

El mensaje principal del estudio no es que el lodo supusiera un peligro inmediato para cualquier persona. En condiciones normales, el riesgo de infección por simple proximidad o contacto ocasional era bajo, especialmente siguiendo medidas básicas de higiene: evitar tocarlo con heridas abiertas, usar guantes si se manipula, lavarse bien las manos y no ingerir accidentalmente polvo o restos de lodo.

Lo importante es otra cosa: tras una inundación extrema, el lodo puede actuar como un reservorio temporal de patógenos oportunistas (microorganismos que normalmente no causan enfermedad, pero que pueden provocarla si encuentran condiciones favorables, como heridas o defensas bajas). Por eso no debe tratarse solo como suciedad física, sino también como un material que conviene retirar y gestionar con criterios sanitarios. Incorporar análisis microbiológicos a la respuesta tras una inundación permitiría evaluar mejor los riesgos, proteger a la población y tomar decisiones basadas en datos.

Este trabajo ha contado con el apoyo del proyecto PID2024-162627OB-I00, financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (MICIU), la Agencia Estatal de Investigación (AEI/10.13039/50110001033) y el FEDER, de la Unión Europea, así como por el proyecto CIAICO/2024/236, financiado por la Conselleria de Educación, Cultura y Universidades (Generalitat Valenciana).


Referencia:

Pérez-Lara M, Ibáñez-Payá P, Ruiz-Platón M, Carmona-Salido H, Mateo JJ, Amaro C, Salvador-Clavell R. Flood-derived sludge as a reservoir of viable opportunistic pathogens after the October 2024 DANA in Valencia (Spain). Int Microbiol. 2026 Apr 16. doi: 10.1007/s10123-026-00821-4.


Autores del artículo divulgativo:

Rubén Salvador-Clavell
Instituto Universitario de Investigación en Biotecnología y Biomedicina
Universitat de València


Fuente: Scientias

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