Tras la DANA de 2024 en Valencia, el lodo depositado no fue solo un problema de limpieza. También era una matriz ambiental compleja formada por materia orgánica y restos urbanos. Este trabajo muestra que estos sedimentos contenían bacterias capaces de crecer en condiciones favorables, algunas propias de patógenos oportunistas. El hallazgo no debe interpretarse como una alarma sanitaria, sino como una llamada a incorporar la vigilancia microbiológica en la gestión de futuras inundaciones.
Lecciones de la DANA sobre el riesgo microbiológico del lodo tras una inundación