La población europea tiene una predisposición favorable al uso de la inteligencia artificial en el ámbito sanitario, pero con matices. Los resultados de un estudio a partir de los datos del Eurobarómetro 551 muestran que este apoyo se encuentra acompañado de preocupaciones sobre privacidad, despersonalización y opacidad. La investigación subraya que una mayor aceptación del uso de la IA en la salud está asociada a una mayor demanda de regulación, evidenciando la importancia de la confianza y la gobernanza pública en estas cuestiones.
La inteligencia artificial (IA) promete diagnósticos más rápidos y una sanidad más eficiente. Sin embargo, al analizar cómo percibe la ciudadanía europea su incorporación al sistema sanitario, observamos que existe una predisposición favorable, pero el apoyo no es incondicional. Junto al entusiasmo que produce la IA aparecen preocupaciones claras sobre privacidad, pérdida de trato humano y decisiones difíciles de entender. La aceptación social, por tanto, no depende solo de la utilidad percibida, sino también de las condiciones bajo las cuales se despliega la tecnología y de las garantías que la acompañan.
Para estudiar estas percepciones, hemos realizado un análisis basado en datos del Eurobarómetro Especial 551, una encuesta que recoge la opinión de más de 26.000 personas en los 27 Estados miembros de la Unión Europea. Los resultados muestran que una gran cantidad de personas reconoce la utilidad de la IA en tareas médicas, como el diagnóstico. Sin embargo, este reconocimiento no implica aceptar su uso sin límites. De hecho, cuanto más positivamente se valora la IA en un país, más se reclama la existencia de controles públicos estrictos. Esto apunta a una relación clave: la confianza no sustituye a la regulación, sino que la refuerza y la hace socialmente exigible. Conviene subrayar que estos datos reflejan percepciones en un momento concreto, no efectos clínicos reales ni evoluciones a largo plazo, lo que limita su capacidad para anticipar impactos futuros.
Tres inquietudes principales
El apoyo hacia el uso de la IA en la salud convive con inquietudes muy concretas, de las que hemos identificado tres como las más destacadas: el uso de datos personales, el riesgo de una atención menos personalizada y la dificultad para entender cómo toman decisiones los sistemas automatizados. Estas preocupaciones no son marginales, sino estructurales, porque afectan a dimensiones centrales del cuidado sanitario como la confianza, la autonomía del paciente y la relación entre médico y paciente. Además, hemos observado diferencias sociales relevantes. Las personas más jóvenes, urbanas y con mayor exposición al entorno digital tienden a valorar más la IA, pero también exigen más garantías. En cambio, en contextos menos digitalizados, la confianza institucional y las expectativas regulatorias son más limitadas. Esto sugiere que el debate no es solo técnico, sino también social: tiene que ver con quién controla la tecnología, quién asume responsabilidades cuando falla y cómo se distribuyen sus beneficios y riesgos.
Para interpretar estos resultados recurrimos a la idea de sociedad del riesgo, que distingue entre riesgo, incertidumbre y confianza. No todos los problemas se resuelven mejorando la precisión técnica. También entran en juego cuestiones como los sesgos, la exclusión digital o la rendición de cuentas en sistemas complejos.
La regulación europea es necesaria, pero no suficiente
En este contexto, aspectos como la posibilidad de supervisión humana efectiva, la capacidad de los sistemas para poder ser explicados de manera comprensible y la trazabilidad de las decisiones adquieren un papel central para sostener la legitimidad de la IA en salud. Por eso consideramos que la regulación europea (como la Ley de Inteligencia Artificial de la UE o el Espacio Europeo de Datos de Salud) es necesaria, pero no suficiente. Debe ir acompañada de transparencia, supervisión pública, formación ciudadana y mecanismos de participación que permitan incorporar las preocupaciones sociales en el diseño, evaluación y uso de estas tecnologías. Europa no rechaza la inteligencia artificial en sanidad, pero exige que se integre bajo condiciones de control democrático y garantías efectivas. El futuro de estas tecnologías dependerá no solo de su eficiencia, sino de su capacidad para generar confianza, rendir cuentas y proteger derechos sin perder la dimensión humana del cuidado. En este sentido, el reto no es únicamente tecnológico, sino profundamente social, institucional y político.
Referencia:
Fernández-Prados, J. S., Lozano-Díaz, A., Latorre-Martínez, R., & Torres-Haro, M. J. (2026). Artificial intelligence in European healthcare: risk perceptions and regulatory challenges. Health, Risk & Society. https://doi.org/10.1080/13698575.2026.2638173
Autores del artículo divulgativo:
Juan Sebastián Fernández-Prados, Raquel Latorre-Martínez y María José Torres-Haro
Área de Sociología
Universidad de Almería
Antonia Lozano-Díaz
Departamento de Educación
Universidad de Almería
Fuente: Scientias
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