El conocimiento actual sobre los mecanismos celulares y moleculares que intervienen en la cicatrización de heridas todavía es limitado. Los resultados de una investigación sobre estos mecanismos muestran que el proceso es más complejo de lo que se creía, ya que involucra la interacción de células, genes, sistema nervioso y microbiota y aún presenta importantes incógnitas en caso de heridas crónicas, o cicatrices patológicas. Estos hallazgos refuerzan la necesidad de nuevas terapias adaptadas a los distintos problemas de cicatrización.
Cuando nos hacemos una herida, solemos pensar que el cuerpo simplemente la repara por sí solo. Sin embargo, detrás de ese proceso aparentemente sencillo se esconde una compleja red de células, moléculas y señales biológicas que la ciencia todavía no comprende por completo. Nuestro grupo de investigación ha revisado los avances más recientes sobre la cicatrización de heridas para entender mejor cómo funciona este mecanismo y qué retos quedan por resolver.
Actualmente sabemos que la cicatrización ocurre en varias etapas que se superponen entre sí. Primero, el organismo detiene el sangrado. Después aparece la inflamación, una respuesta necesaria para eliminar microorganismos y restos de tejido dañado. Más tarde comienza la formación de nuevo tejido y de vasos sanguíneos, y finalmente la herida madura y se transforma en una cicatriz.
Aunque este esquema general es conocido desde hace años, los investigadores destacan que todavía existen muchas incógnitas. Se ha descubierto que numerosos tipos de células participan activamente en la reparación de los tejidos, entre ellas las plaquetas, los neutrófilos, los macrófagos, los fibroblastos y las células madre. Todas ellas deben actuar de manera coordinada para que la curación sea correcta. Cuando alguna de estas funciones falla, pueden aparecer problemas como heridas crónicas, cicatrices hipertróficas o queloides.
El rol del sistema nervioso, la microbiota y la genética en la cicatrización
Uno de los hallazgos más interesantes es el importante rol del sistema nervioso en la cicatrización. Diversas moléculas producidas por los nervios ayudan a controlar la inflamación, favorecen el crecimiento de nuevos vasos sanguíneos y estimulan la regeneración de los tejidos. Esto demuestra que la comunicación entre el sistema nervioso y el sistema inmunitario es mucho más relevante de lo que se pensaba.
Además, los científicos han observado que la microbiota, es decir, los microorganismos que viven normalmente sobre nuestra piel, también influye en la curación. Algunas bacterias beneficiosas pueden ayudar a controlar la inflamación y proteger frente a infecciones, mientras que otras favorecen la formación de biopelículas que dificultan la cicatrización y contribuyen a la aparición de heridas crónicas.
La genética constituye otro factor fundamental. Cada persona puede responder de forma diferente a una lesión debido a variaciones genéticas que afectan a la inflamación, la formación de nuevos vasos sanguíneos o la producción de colágeno. También se ha comprobado que mecanismos epigenéticos, que regulan la actividad de los genes sin modificar su secuencia, participan activamente en la reparación de los tejidos.
Muchas preguntas siguen sin respuesta. Por ejemplo, todavía no comprendemos completamente por qué algunas heridas cicatrizan con normalidad mientras que otras permanecen abiertas durante meses o desarrollan cicatrices excesivas. Tampoco se conocen con precisión todos los mecanismos que regulan la transición entre las distintas fases de la cicatrización.
Nuevas terapias
Para afrontar estos desafíos se están desarrollando nuevas terapias. Entre ellas destacan los tratamientos con células madre, los exosomas, la bioimpresión tridimensional de piel, los apósitos inteligentes, la estimulación eléctrica y diversas formas de fototerapia. Además, la inteligencia artificial comienza a utilizarse para analizar imágenes de heridas y ayudar a personalizar los tratamientos.
En conjunto, esta revisión muestra que la cicatrización de heridas sigue siendo un proceso extraordinariamente complejo. Comprender mejor la interacción entre células, genes, nervios, microorganismos y factores ambientales permitirá desarrollar tratamientos más eficaces para millones de personas que sufren heridas crónicas o problemas de cicatrización. A pesar de los importantes avances logrados en los últimos años, la curación de las heridas continúa siendo, en gran medida, un misterio que la ciencia todavía está tratando de resolver.
En la fotografía se muestra la vinculina, una proteína vinculada a la adhesión celular, en fibroblastos humanos, las células que dan soporte a la cicatrización de las heridas. (Autora: Maria Luisa Hernández Bule)
Referencia:
Fernandez-Guarino‚M;Hernández Bule,M.L. Bacci,S. The Wound Healing: A Mystery Still to Be Solved—What Is the Future? Biomedicines 2026, 14, 4, 926 DOI: 10.3390/BIOMEDICINES14040926
Autores del artículo divulgativo:
Montserrat Fernández Guarino
Universidad Alfonso X El Sabio
Dermatóloga, fundadora de la Clínica Madriderma.
Jefe de Servicio de Dermatología del Hospital Universitario Sanitas Virgen del Mar
Ana Lucía López Jaimes
Servicio de Dermatología
Hospital Universitario de Sanitas de Virgen del Mar
Maria Luisa Hernández-Bule
Departamento de Odontología Preclínica
Facultad de Biomedicina y Ciencias de la Salud
Universidad Europea de Madrid
Stefano Bacci
Unidad de investigación en Histología y Embriología
Universidad de Florencia
Fuente: Scientias
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