Una investigación exhaustiva ha analizado la muerte de Jesús integrando medicina forense, el Evangelio de Juan y el estudio de la Síndone y el Sudario. Los resultados muestran que el fallecimiento fue probablemente un colapso multiorgánico por varios factores: pérdida de sangre, agotamiento físico, insuficiencia respiratoria y fallo cardíaco por estrés. El estudio revela una asombrosa coherencia entre la ciencia y los relatos bíblicos, confirmando que la Pasión fue una realidad biológica y no una metáfora.
¿Es posible analizar un hecho ocurrido hace dos mil años con los ojos de la medicina moderna? Mi investigación nace de esta pregunta, buscando establecer un puente entre la ciencia forense y el relato histórico de la Pasión de Cristo.
Lejos de ser un ejercicio puramente teórico, este análisis utiliza como «testigos materiales» la Síndone de Turín y el Sudario de Oviedo para comprender la magnitud del sufrimiento físico que precedió a la muerte de Jesús.
Para entender el desenlace, debemos analizar primero las huellas del castigo. Mi estudio comienza en Getsemaní, donde el sudor de sangre descrito en los textos no es un adorno poético, sino un fenómeno médico real vinculado a un estrés emocional extremo que provoca la ruptura de capilares bajo la piel. Este estado inicial de vulnerabilidad se vio agravado por una noche sin sueño ni alimento, seguida de una flagelación romana de una brutalidad técnica aterradora.
La Síndone de Turín y el Sudario de Oviedo como “testigos materiales”
En la Síndone de Turín, se observan entre 120 y 150 marcas de golpes compatibles con el flagrum romano, un látigo provisto de piezas metálicas que no solo rasgaba la piel, sino que alcanzaba el tejido muscular. Esta agresión provocó lo que en medicina llamamos un shock traumático y hemorrágico por la pérdida masiva de sangre, reduciendo como consecuencia, el rendimiento de la función del corazón y provocando un agotamiento metabólico severo antes incluso de llegar a la cruz. Además, el daño muscular masivo pudo liberar sustancias al torrente sanguíneo que comprometerían la función de los riñones y el equilibrio metabólico en el cuerpo.
Al llegar a la crucifixión, la posición del cuerpo suspendido dificultaba enormemente la respiración, obligando a Jesús a realizar un esfuerzo sobrehumano. La Síndone revela heridas en muñecas y pies que sugieren que debía impulsarse dolorosamente sobre los clavos para poder exhalar aire y hablar. Esta lucha constante genera una fatiga muscular extrema y un encharcamiento de los pulmones, un fenómeno que he conectado directamente con el Sudario de Oviedo. Este lienzo, que cubrió el rostro del fallecido, presenta manchas de fluidos que confirman una agonía prolongada con un edema pulmonar severo. La coincidencia del grupo sanguíneo y la correlación geométrica de las manchas entre ambos lienzos refuerzan la hipótesis de que estuvieron en contacto con el mismo individuo.
La causa de fallecimiento: colapso multiorgánico y fallo cardíaco agudo por estrés
Pero, ¿qué causó la muerte definitiva? Mi investigación propone un fallo de varios órganos, pero con un factor determinante que fue un fallo cardíaco agudo por estrés. La combinación de un dolor insoportable, la pérdida de sangre y una angustia extrema provoca una descarga masiva de adrenalina que puede causar una disfunción cardiaca severa. Esto explica por qué Jesús murió relativamente pronto, sin necesidad de que los soldados le fracturaran las piernas para acelerar el final, y para acelerar el final, manteniendo la conciencia y la capacidad de hablar hasta su último suspiro. Esta circunstancia es la que nos hace pensar que la insuficiencia respiratoria no fue el mecanismo final causante de la muerte.
Este fallo del corazón también justifica el detalle más impactante del Evangelio de Juan: la salida de «sangre y agua» tras la lanzada en el costado. Lo que el testigo presenció fue la salida de fluidos acumulados alrededor del corazón y los pulmones debido al colapso del organismo, algo que los datos del Sudario de Oviedo parecen corroborar con precisión forense.
En conclusión, este análisis nos muestra que la ciencia y la fe pueden dialogar con rigor. La medicina forense confirma que el sufrimiento de Jesús fue una realidad física devastadora. Al final, la fragilidad de ese cuerpo entregado no es solo un dato biológico; es el lugar donde se revela el sentido más profundo de la redención humana.
Referencia:
Canabal Berlanga, Alfonso. 2026. La pasión y muerte de Jesucristo: aproximación fisiopatológica y forense en diálogo con la teología joánica. Scientia et Fides 14 (1): 189–204. DOI: http://dx.doi.org/10.12775/SetF.2026.008
Autor del artículo divulgativo:
Alfonso Canabal Berlanga
Servicio de Medicina Intensiva (UCI)
Hospital Universitario de la Princesa
Miembro de la Sociedad de Científicos Católicos de España (SCCE)
Fuente: Scientias
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