Pez pensando (Autora: Blanca Quintero)

¿Memoria de pez? Los peces dorados también razonan sobre el pasado

Un estudio reciente indica que los peces dorados no solo recuerdan, sino que razonan desde experiencias previas. Mediante pruebas de inferencia transitiva, la investigación muestra que los peces construyen jerarquías mentales y deducen relaciones nuevas. En las personas esta capacidad está asociada al hipocampo, y al lesionar su equivalente en el cerebro de los peces la habilidad desaparece. Los resultados cuestionan que la memoria compleja sea exclusiva de humanos y vertebrados avanzados y sugieren orígenes evolutivos más antiguos.


Imagina que estás observando una pecera en casa. Entre burbujas y plantas, un pez dorado nada tranquilo. Podrías pensar que su mundo es simple, que su memoria dura apenas unos segundos. Pero un descubrimiento reciente sugiere justo lo contrario: estos peces podrían recordar y razonar de formas que antes creíamos exclusivas de los humanos y otros mamíferos.

La sorprendente memoria de los peces

Durante décadas, los científicos han considerado que la memoria episódica —la capacidad de recordar eventos específicos de nuestra vida, incluyendo cuándo y dónde ocurrieron y qué sensaciones los acompañaban— es un rasgo exclusivamente humano, o al menos exclusivo de mamíferos y aves. Sin embargo, nuestra investigación más reciente invita a replantear esa idea: el pez dorado (Carassius auratus) parece capaz de recordar relaciones entre elementos y deducir nuevas conexiones empleando una forma de memoria relacional.

El hipocampo, una máquina de conectar recuerdos

La memoria episódica no es simplemente almacenar información, sino una memoria relacional que integra distintos elementos de una experiencia (personas, lugares, momentos y emociones) en un todo coherente. En los humanos, esta función depende del hipocampo, una estructura cerebral que organiza nuestras experiencias como redes de relaciones.

El hipocampo funciona como un mapa cognitivo que no solo nos orienta en el espacio, como se pensó durante décadas, sino que también nos permite relacionar hechos e inferir vínculos que nunca hemos observado directamente. Así, en lugar de almacenar recuerdos aislados, los integra en redes flexibles que sustentan el razonamiento, la imaginación y la planificación. Esta capacidad de conectar información de manera flexible del hipocampo es la base de la memoria relacional. Si existe un sistema similar en los peces, indicaría que la arquitectura fundamental de la memoria es una innovación evolutiva mucho más antigua de lo que pensábamos, que estaría presente ya en los primeros vertebrados.

Cuando los peces hacen inferencias

Para comprobar si los peces podían manejar este tipo de memorias relacionales, utilizamos una prueba clásica de razonamiento lógico llamada inferencia transitiva. Este tipo de razonamiento funciona así: si Ana es más alta que María, y María es más alta que Pedro, podemos deducir que Ana es más alta que Pedro, aunque nunca hayamos visto a Ana y Pedro juntos. Resolver este tipo de problema exige construir una jerarquía mental, no simplemente memorizar pares de estímulos aislados, y extrapolar a situaciones nuevas, una habilidad cognitiva compleja.

En nuestro experimento, entrenamos a peces dorados para que recordaran una serie de pares de estímulos visuales en los que uno de los miembros del par estaba asociado a una recompensa y el otro no. Por ejemplo, un estímulo A recompensado frente a un estímulo B sin recompensa; luego el estímulo B con recompensa frente a otro C sin recompensa; luego C con recompensa y D sin recompensa; y así sucesivamente. Posteriormente les presentamos una combinación nueva de estímulos, por ejemplo, B frente a D. Si solo hubieran memorizado los pares, habrían elegido al azar, ya que tanto B como D habían sido recompensados y no recompensados el mismo número de veces.

Pero ocurrió algo distinto. Los peces dorados eligieron sistemáticamente el estímulo de mayor rango en la jerarquía (es decir, B sobre D). Esto indica que habían construido una representación interna de la jerarquía completa, integrando sus experiencias previas en una estructura relacional coherente que utilizaron para inferir una relación nueva que nunca se les mostró explícitamente. Este comportamiento va más allá del simple condicionamiento y sugiere una forma de cartografía mental similar a la que emplean los humanos al inferir nuevas relaciones entre elementos conocidos, una característica fundamental del razonamiento relacional.

Fuimos entonces un paso más allá. Lesionamos selectivamente una región cerebral que los científicos consideran el homólogo del hipocampo en los peces: el palio ventrolateral dorsolateral. Tras la lesión, los peces perdieron la capacidad de realizar inferencias, aunque seguían aprendiendo los pares simples. Este patrón coincide estrechamente con lo que se observa en los mamíferos y aves con daño en el hipocampo, en los que se ve alterada la capacidad de razonamiento relacional y de recuerdo episódico.

Una memoria con raíces muy antiguas

Estos resultados invitan a reconsiderar una idea muy extendida: que el hipocampo evolucionó primero para la navegación espacial y sólo más tarde adquirió funciones más complejas como la memoria episódica. La evidencia procedente de los peces sugiere otra posibilidad. Ya en los primeros vertebrados —hace más de 400 millones de años— podría haber existido un sistema neural capaz de representar relaciones complejas entre experiencias.

Y esto no es una mera curiosidad sobre los peces. También cuestiona una visión profundamente antropocéntrica de la mente. La capacidad de relacionar acontecimientos en el tiempo y el espacio —recordar no sólo qué ocurrió, sino también en qué circunstancias— pudo ser una adaptación crucial para sobrevivir en entornos cambiantes. Desde esta perspectiva, la memoria de tipo episódico no sería un lujo de la conciencia humana, sino una herramienta cognitiva ancestral.

Mirar a los peces con otros ojos

Aceptar que los peces pueden manejar relaciones abstractas obliga a reconsiderar cómo pensamos sobre las mentes animales. La frontera entre lo que llamamos “razonamiento humano” y los procesos cognitivos de otras especies se vuelve más difusa con cada nuevo descubrimiento. Si un pez puede representar un orden lógico y extraer inferencias, ¿dónde empieza realmente el pensamiento?

Así que la próxima vez que alguien diga que tiene “memoria de pez”, quizá convenga detenerse un momento. Ese pez podría estar recordando mucho más de lo que imaginamos. Y, al hacerlo, nos ofrece pistas sobre los orígenes evolutivos de nuestra propia memoria.

Referencia:

Sotelo-Parrilla G; Quintero B; Trujillo I; Rodríguez F; Salas C & Gómez A (2025). Hippocampal pallium lesion impairs transitive inference in goldfish. Hippocampus, 2025; 35:e70007. https://doi.org/10.1002/hipo.70007


Autores del artículo divulgativo:

Blanca Quintero Vera, Carmen Salas-Peña, Fernando Rodríguez, Antonia Gómez y Cosme Salas
Laboratorio de Psicobiología
Universidad de Sevilla

Fuente: Scientias

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