El virus del rugoso, que afecta a las plantaciones de tomate, se ha convertido en un problema grave para los agricultores a escala mundial. Investigadores del grupo de investigación NMRMBC de la Universidad de Almería han analizado cómo el patógeno afecta a la planta utilizando técnicas de metabolómica por resonancia magnética nuclear. El estudio revela alteraciones clave en la composición bioquímica de la planta, lo que aporta nuevas pistas sobre sus mecanismos de defensa y abre la puerta a estrategias más sostenibles para frenar la propagación del virus en cultivos agrícolas.
¿Cómo reacciona una planta cuando se infecta por un virus? ¿Qué pasa en su interior? Nuestro grupo de investigación NMRMBC (Advanced NMR Methods and Metal-based Catalysts) ha estudiado cómo reacciona el metabolismo del tomate cuando es atacado por el virus ToBRFV (Tomato Brown Rugose Fruit Virus), denominado comúnmente virus del rugoso. Se trata de un patógeno vegetal que se ha convertido en un auténtico problema para los agricultores de todo el mundo en las últimas décadas.
Una amenaza global
El virus infecta principalmente a las plantas de tomate y provoca manchas marrones, deformaciones en los frutos y un descenso importante en la producción. Es un virus muy resistente y difícil de eliminar, que se propaga rápidamente por contacto entre plantas, herramientas o incluso por el agua. Desde su primera aparición en Israel en 2014, se ha extendido por Europa, América, Asia y África, convirtiéndose en una amenaza global para uno de los cultivos más importantes del mundo.
Para entender qué ocurre dentro del tomate infectado, hemos recurrido a un enfoque metabolómico, una disciplina que estudia los cambios en cientos o miles de pequeñas moléculas que participan en las reacciones químicas de un sistema concreto. En este caso, el análisis se llevó a cabo mediante resonancia magnética nuclear (RMN), una técnica de alta precisión que permite detectar múltiples compuestos simultáneamente. A partir de extractos del fruto y de las hojas de la planta, la RMN reveló alteraciones químicas invisibles a simple vista.
El estudio se llevó a cabo en un invernadero de Almería con plantas infectadas y otras sanas. Durante varias semanas, se tomaron muestras de hojas y de frutos en distintos momentos para ver cómo evolucionaban los compuestos de ambas matrices vegetales. Además de provocar síntomas fácilmente visibles, los resultados mostraron que el virus deja una huella interna muy clara: bajan algunos azúcares, cambian ciertos aminoácidos, se modifican los niveles de ácidos orgánicos… en definitiva, el metabolismo de la planta se reorganiza.
Entre los compuestos afectados se encuentran la prolina, un aminoácido que actúa como señal de alarma ante el estrés, y otros como el malato, la fructosa o el ácido cítrico, que participan en el suministro de energía y en la defensa frente a agresiones. Estas variaciones ayudan a comprender mejor cómo responde la planta al ataque del virus y qué recursos activa para intentar protegerse.
Enfoque respetuoso con el entorno
Además, durante el experimento se aplicaron productos con efectos prebióticos, diseñados para estimular las bacterias beneficiosas que habitan en el cultivo de estos tomates. Aunque no eran el objetivo principal del trabajo, los resultados sugieren que estos tratamientos podrían ayudar a frenar la progresión del virus, reforzando las defensas naturales de la planta a través de una microbiota más diversa.
Lo interesante de este enfoque es que el tratamiento no se basa en destruir al virus directamente, sino en fortalecer el sistema natural de defensa del propio cultivo. Esto va en línea con los principios de la agricultura regenerativa, que promueve prácticas más respetuosas con el entorno y con los ciclos naturales, cuidando el suelo y los microorganismos que lo habitan.
Cuidar nuestra seguridad alimentaria
El tomate no es una planta cualquiera: es uno de los productos más cultivados y consumidos del planeta. Su salud afecta directamente a la economía, la alimentación y el empleo de miles de personas. Cuidarlo significa también cuidar nuestra seguridad alimentaria.
En definitiva, nuestro estudio demuestra que el virus no solo causa daños visibles, sino que altera el funcionamiento interno del tomate. Y que gracias a herramientas como la metabolómica por RMN, es posible entender mejor estas enfermedades y avanzar hacia formas de control más naturales, sostenibles y respetuosas con el medio ambiente. Esta perspectiva, junto a las prácticas agrícolas sostenibles, puede marcar la diferencia en la protección futura de los cultivos.
Referencia:
Ana del Mar Salmerón, Ana Cristina Abreu, Ana Isabel Tristán, Silvia Fernández, Juan Enrique Gázquez-Expósito, Fernando Pérez-Martín, Carlos Meza-Tapia, Francisco Javier del Águila-Capel and Ignacio Fernández. Metabolic Profiling of Tomato Plants Infected with Tomato Brown Rugose Fruit Virus: Insights into Plant Defense Mechanisms and Potential Prebiotic Interventions. ACS Agricultural Science & Technology. 2025; 5(5): 714-724. http://www.doi.org/10.1021/acsagscitech.4c00557
Autores del artículo divulgativo:
Ana del Mar Salmerón López, Ana Cristina Abreu, Ana Isabel Tristán, Silvia Fernández e Ignacio Fernández
Departamento de Química Física
Centro de investigación CIAIMBITAL
Universidad de Almería
Fuente: Scientias
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