Modificar lo apetecibles que percibimos los alimentos puede ser una vía para paliar problemas como la obesidad. Con el entrenamiento cognitivo es posible devaluar esta percepción y modificar las preferencias alimentarias. Experimentos recientes han demostrado que se puede reducir el atractivo de los alimentos hipercalóricos mediante técnicas sencillas y que esta devaluación es más fácil en los alimentos dulces.
Desde que nacemos, los seres humanos mostramos unas claras preferencias alimentarias: aceptamos fácilmente los alimentos dulces, mientras rechazamos los amargos y los ácidos, aunque estas preferencias se moldean y cambian con la experiencia. Esta maleabilidad está vinculada al sistema de recompensa de nuestro cerebro. La ingesta de alimentos dulces activa los centros cerebrales del placer a partir de los receptores gustativos, produciendo una sensación placentera que no solo nos ayuda a aceptar un alimento, sino que también nos motiva a buscar su consumo en futuras ingestas.
Comer por placer puede ser peligroso para la salud
El conocimiento sobre cómo este “apetito hedónico” moldea nuestras preferencias alimentarias es utilizado de manera exitosa —y sin escrúpulos— por la industria alimentaria en sus estrategias de márquetin. Basta con ver cualquier anuncio de un nuevo producto ultraprocesado e hipercalórico para comprobar cómo se muestra al consumidor el placer obtenido al dar el primer mordisco.
Comer por placer se ha convertido en una opción fácil y tentadora, aunque peligrosa para nuestra salud. El mecanismo cerebral de recompensa, que ha sido muy útil a lo largo de la evolución, ahora entra en conflicto con la salud nutricional al vivir rodeados de alimentos ultraprocesados hipercalóricos y con un elevado contenido de azúcares añadidos. Su consumo ocasional no suele ser perjudicial a corto plazo; sin embargo, cuando se vuelve habitual, modifica nuestras preferencias alimentarias y éstas, a su vez, aumentan el riesgo de ganar peso y, con el tiempo, de desarrollar obesidad.
En nuestro grupo de investigación realizamos un estudio para evaluar la relación existente entre la modulación del “apetito hedónico” —el apetito por puro placer— y la conducta, mediante el bloqueo temporal de la actividad de los receptores del sabor dulce en la cavidad bucal. En primer lugar, los participantes puntuaron lo apetitosos que les parecían distintos alimentos ultraprocesados. La mitad de estos alimentos eran ricos en azúcares y la otra mitad en proteínas y grasas, aunque ambos grupos estaban igualados en calorías.
A continuación, y mediante un procedimiento de doble ciego, la mitad de los participantes se enjuagó la boca con una solución que contenía ácido gimnémico, una sustancia química inocua que bloquea temporalmente los receptores del dulce, mientras que la otra mitad lo hizo con un placebo de sabor similar.
Modificar la percepción de los alimentos mediante tareas Go-NoGo
Seguidamente, los participantes realizaron una tarea experimental del tipo “Go-NoGo”, concebida como un entrenamiento para mejorar la función inhibitoria. En este tipo de entrenamientos se muestra a los participantes una serie de imágenes durante pequeños lapsos de tiempo. Si la imagen está rodeada de, por ejemplo, un recuadro azul, el participante debe pulsar rápidamente un botón (condición Go). Si está acompañada de un recuadro amarillo debe abstenerse de pulsarlo (condición NoGo).
Nuestro experimento consistió en mostrar en la tarea Go-NoGo una selección de las imágenes de los alimentos que previamente habían valorado como los más apetitosos. Al terminar la tarea, los participantes volvieron a valorar lo apetecibles que les resultaban todos los alimentos del conjunto inicial.
Los resultados confirmaron el conocido “efecto de devaluación”: los alimentos asociados a la condición NoGo, en la que los participantes tenían que inhibir la respuesta, fueron los que más atractivo perdieron, es decir, los que más sufrieron una devaluación de su atractivo. Además, la devaluación asociada a la condición de NoGo fue especialmente marcada en el caso de los alimentos dulces en todos los participantes.
Enjuague bucal para inhibir el gusto dulce
Sin embargo, el hallazgo más interesante se observó en el grupo que se había enjuagado la boca con la disolución con ácido gimnémico. Al estar inhibido el gusto dulce, estos participantes mostraron una devaluación generalizada del atractivo de todos los alimentos, independientemente de la condición experimental.
En conjunto, estos resultados corroboran lo que ya se había observado en estudios anteriores: cuando dejamos de interactuar con un estímulo, tendemos a devaluarlo. Además, también muestran que los alimentos dulces son especialmente sensibles a este cambio en su valoración hedónica.
Finalmente, la interrupción fisiológica del circuito de recompensa del sabor dulce, y con ello la interrupción de las expectativas de placer asociadas a su consumo, favoreció una devaluación generalizada en la apetencia de todos los alimentos ultraprocesados evaluados. Estos resultados sugieren que, a la hora de decidir si comemos o no un alimento, el valor hedónico atribuido en ese momento puede pesar más que nuestra capacidad de inhibir nuestra conducta.
Referencia:
Cunillera, T., Nuño, N., Ballestero-Arnau, M., Rodríguez-Herreros, B., Rodríguez-Jiménez, C., Pallàs, M. Tuning the value of sweet food: Blocking sweet taste receptors increases the devaluation effect in a go/no-go task. Psychonomic Bulletin & Review, 32(4):1785-1794. 2025. DOI: 10.3758/s13423-025-02666-w.
Autor del artículo divulgativo:
Toni Cunillera
Departamento de Cognición, Desarrollo y Psicología de la Eduación (sección de procesos cognitivos) Facultad de Psicología
Universitat de Barcelona
Fuente: Scientias
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