Atención infantil

Cuidar a los profesionales de atención temprana para prevenir riesgos laborales

La atención infantil temprana es un ámbito profesional altamente exigente, donde el personal sanitario trabaja con menores de hasta seis años y sus familias ante trastornos del desarrollo o riesgo de presentarlos. El notable aumento de la demanda intensifica la carga emocional, situando a estos equipos ante riesgos laborales de naturaleza psicosocial, como el estrés prolongado, el desgaste emocional y la fatiga por compasión. La literatura científica evidencia niveles reducidos de resiliencia, lo que dificulta la gestión de emociones vinculadas al sufrimiento ajeno. Asimismo, se observan diferencias de género en las estrategias de afrontamiento, relevantes en un sector altamente feminizado. Factores organizativos, como la coordinación interinstitucional limitada y la elevada carga administrativa, refuerzan dichos riesgos. Estudios actuales señalan que la resiliencia, el apoyo social y la inteligencia emocional actúan como factores protectores esenciales para promover el bienestar profesional y mejorar la calidad de la atención

¿Alguna vez has deseado que acabe el día de trabajo? Esta emoción es muy común en las personas que se dedican a cuidar de los demás y, sobre todo, en aquellas que se dedican a tratar con menores de hasta 6 años y sus familiares cuando tienen trastornos del desarrollo o riesgo de presentarlos — la denominada atención infantil temprana (AT). Se ha normalizado que estos profesionales sanitarios, fisioterapeutas, logopedas y psicólogos, sufran un desgaste, aunque invisible, y que forme parte de la realidad laboral a la que se exponen al lidiar con casos complejos, ansiedad familiar, intervenciones interdisciplinarias y un sinfín de tareas administrativas.

En las últimas décadas, la ciencia ha demostrado la importancia de los primeros años de vida para el desarrollo psicosocial y biológico, y con ello han surgido nuevos tratamientos y profesionales dedicados a apoyar a menores y sus familiares en esta transición. Ya en el año 2024, los centros de atención infantil temprana en Andalucía atendieron a 34.753 menores, aumentando el número en un 50 % respecto a 2018. No obstante, esta disciplina es joven y aún se necesitan políticas específicas para el cuidado emocional de estos profesionales. 

Bajos niveles de resiliencia

Estudios actuales indican que el personal de los centros presenta niveles bajos de resiliencia, lo que provoca que les resulte más difícil manejar emociones como la compasión, la preocupación o el cuidado por el sufrimiento de los demás. Ser resiliente no significa “aguantar todo” o “ser fuerte”, es la capacidad que una persona tiene para adaptarse a situaciones difíciles y recuperarse de manera eficaz, manteniendo un comportamiento funcional. Ante esto, existen diferencias en cuanto al género: las mujeres buscan apoyo social y herramientas que les ayuden a gestionar este tipo de emociones, mientras que los hombres se enfocan más en solucionar el propio problema. Estas diferencias en la gestión del malestar emocional hacen visible la necesidad de trabajar con enfoque de género, aún más en este campo, ya que el personal es mayoritariamente femenino.

A estas desigualdades estructurales se unen las altas demandas emocionales por parte de las familias. A menudo la comunicación de un posible diagnóstico se convierte en una función compleja. También el modelo de financiación administrativa del servicio de atención es rígido y la coordinación con otros servicios sanitarios, educativos y sociales suele ser deficiente. Todo ello, junto a la extensa gestión administrativa, provoca dificultades en el día a día de estos profesionales y convierte su labor en una tarea intensa que exige alta implicación y compromiso personal.

Riesgos psicosociales

Cuando se habla de riesgos laborales, se nos viene a la mente accidentes, caídas o condiciones laborales precarias. Sin embargo, en el ámbito de trabajo de los profesionales de la atención infantil temprana se trata más bien de riesgos psicológicos o sociales, como el estrés prolongado y el desgaste emocional por exposición constante a emociones negativas. Estos riesgos psicosociales pueden pasar desapercibidos hasta que se manifiestan de manera de moderada a grave, como en ansiedad, depresión, estrés e incluso, abandono del puesto de trabajo, llevando consigo una excesiva rotación del personal. Al mismo tiempo perjudican la calidad de la atención que se le brinda a las familias y sus entornos. Por esto, es importante invertir en el bienestar de estos profesionales, de manera que se facilite una guía de buenas prácticas que prevenga este tipo de riesgos y promocione el bienestar emocional en dicho contexto, ya sea tanto en entidades públicas como privadas.

La resiliencia se presenta como un concepto importante, ya que se puede utilizar para prevenir el malestar emocional en el personal sanitario. Nos permitiría identificar cuándo el trabajo comienza a sobrecargar al profesional y, con ello, buscar estrategias personales y colectivas para sostener la salud mental en la profesión. Actualmente existen estudios que evidencian el apoyo social percibido de compañeros y superiores como recurso eficaz para potenciar el bienestar emocional. Además, se ha encontrado que las personas que son capaces de identificar las emociones propias y las de los demás, comprenderlas y gestionarlas de manera óptima, son capaces de adaptarse mejor al cambio, percibiendo el estrés como un reto y no como un desafío. En un contexto tan demandante como el de la atención infantil temprana, esto es fundamental para crear un ambiente resiliente, competente y motivado que aumente la calidad que se le brinda a los usuarios. 

Asimismo, la opinión que los pacientes tienen acerca del servicio de atención también repercute en la satisfacción laboral de los mismos. Por ello, si los profesionales creen en su propia capacidad para llevar a cabo sus funciones y confían en su propia valía, presentan un mayor bienestar laboral, lo que contribuye a que aumente la adherencia a los tratamientos por parte de los pacientes. Por todo ello, fomentar este conjunto de herramientas beneficiaría la salud mental del personal de los servicios y, junto a ella, la calidad de la atención que recibe la sociedad.

Investigación con perspectiva de género para favorecer un clima resiliente

En la Universidad de Jaén estamos llevando a cabo un estudio que abarca los principales factores de riesgo y de protección que engloba a este colectivo con el fin de identificar cómo la organización puede favorecer un clima resiliente y motivado desde una perspectiva de género. Este proyecto está siendo financiado por el Instituto Andaluz de Prevención de Riesgos Laborales y la Consejería de Empleo, Empresa y Trabajo Autónomo (referencia: 04_UJA_01) implementado en Andalucía por la  Universidad de Jaén (España). 

Este estudio es de los primeros que se conocen hasta la fecha centrado específicamente en profesionales de la atención infantil temprana. En él se demostró que existen grandes alteraciones emocionales, con mayores incidencias en las mujeres, que representaban la gran mayoría de los participantes del mismo. Uno de los resultados más significativos del estudio es la confirmación de que se puede predecir la resiliencia a través de la capacidad para sentir cercanía, compasión y preocupación por el sufrimiento de los demás, el malestar de la propia persona al experimentarlo y el uso que se le da a las emociones propias y a las de los demás. Por el contrario, el estudio muestra que el aislamiento social es un riesgo clave para la resiliencia. En su conjunto, es necesario continuar la investigación de los factores de riesgo y de protección que, sistemáticamente, se asocian al ejercicio profesional y que pueden estar perpetuando las desigualdades de género.

Darle valor a este tipo de factores como elementos clave en la prevención de riesgos laborales es un recordatorio de la importancia de la salud mental en cualquier ámbito de la vida cotidiana, incluso de las personas que ofrecen este tipo de servicios de salud a los usuarios. Es necesario que las instituciones y los sistemas de atención sanitaria reconozcan esta realidad y construyan marcos que sostengan a quienes sostienen al resto. Porque cuidar a quienes nos cuidan e invertir en el bienestar profesional es invertir en la calidad de la atención, en la eficacia de los programas y, sobre todo, en la salud de quienes forman la base de nuestro cuidado más temprano.

Referencia:

Cuenca-Sánchez, L., Sánchez-Teruel, D., & Robles-Bello, M. A. (2024). Experiences and Challenges of Health Professionals in Implementing Family-Centred Planning: A Qualitative Study. Children, 11(1), 132. DOI: https://doi.org/10.3390/children11010132

Gómez-Herrera, S., Robles-Bello, M. A., & Sánchez-Teruel, D. (2025). Mental Health Exploration and Variables Associated with Young Health Professionals in Early Childhood Care Centers: A Systematic Review. Healthcare (Basel, Switzerland), 13(18), 2354. DOI: https://doi.org/10.3390/healthcare13182354

Guillot-Valdés, M., Cuenca-Sánchez, L., Sarhani-Robles, A., Sánchez-Teruel, D., Serra, L., & Robles-Bello, M. A. (2025). Qualitative study on the perceptions and experiences of parents in early intervention centres in relation to family-centred practices. Children and Youth Services Review, 171, 1–8. DOI: https://doi.org/10.1016/j.childyouth.2025.108196

Autores del artículo divulgativo:

María Auxiliadora Robles Bello
Universidad de Jaén

Nieves Valencia Naranjo, María Eva Martín Puga, Sofía Gómez Herrera, María Guillot Valdés
Departamento de Psicología
Universidad de Jaén

Fuente: Scientias

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