Persona mayor con ordenador

El rostro de la exclusión digital en España

¿Quién se está quedando al margen de la sociedad digital en España? Un nuevo estudio cuantifica la exclusión digital de nuestro país en un tercio de la población adulta, caracterizando su perfil demográfico y socioeconómico. El análisis identifica los factores de riesgo y de protección que determinan la probabilidad de pertenecer a este colectivo. Los hallazgos de esta investigación ayudarán a orientar las políticas públicas dirigidas a evitar que la digitalización contribuya a acrecentar las desigualdades sociales.


En la actualidad, la tecnología digital está presente en cualquier ámbito de nuestras vidas. Basta pensar en lo cotidiano para comprobarlo: pedir una cita médica, reclamar un recibo, solicitar una ayuda o consultar una nota del colegio. Desempeñar estas tareas depende del manejo de la tecnología, siendo importante conocer hasta qué punto la población española está capacitada para no quedar excluida de la sociedad digital.

La exclusión digital ya no se mide por la dificultad de acceso a la red

Dado que el acceso a Internet se ha generalizado, la exclusión digital debe medirse en términos de uso y aprovechamiento de las tecnologías. La Unión Europea (UE) se ha comprometido a que el 80% de su población alcance, como mínimo, competencias digitales básicas en 2030, definiendo un indicador de habilidades digitales (DSI 2.0) para monitorizar este objetivo.

Basándonos en este indicador y con los datos de la Encuesta sobre equipamiento y uso de tecnologías de información y comunicación en los hogares de 2023, hemos medido la exclusión digital referida a las personas adultas (de 16 a 74 años) que no han usado Internet recientemente (en los últimos 3 meses) o que carecen de las habilidades básicas para poder aprovechar las oportunidades que ofrece. Un nivel básico de habilidades digitales significa, por ejemplo, buscar información, comunicarse, gestionar archivos o completar trámites sencillos.

Uno de cada tres españoles, en riesgo de exclusión digital

Según nuestro análisis, el riesgo de exclusión digital en España afecta al 33,8 % de la población de 16 a 74 años, unos 12 millones de personas. En el conjunto de la UE, la cifra sube al 44,4 %. No obstante, la mayor parte de este colectivo no está “desconectado”, pues muchas personas sí usan Internet, pero lo hacen con destrezas insuficientes. Además, una proporción importante está cerca de alcanzar un nivel básico, lo que pone de manifiesto que intervenciones sencillas, como un acompañamiento o una práctica guiada, pueden tener un impacto notable.

Al analizar el perfil social, destacan tres ejes. Un primer eje es la edad: un 67,2 % de las personas de 65 a 74 años está en situación de exclusión digital. En segundo lugar, el nivel educativo. El 56,5 % de quienes tienen un nivel educativo igual o inferior a la educación secundaria obligatoria está en exclusión digital, un porcentaje que disminuye hasta el 14,2% para aquellas personas que cuentan con estudios superiores. Y, por último, la combinación de pocos ingresos con menor formación. En ese caso el riesgo se intensifica: en hogares con ingresos por debajo de los 1.600 euros mensuales y con bajo nivel educativo la incidencia llega al 64,1 %.

En suma, la probabilidad de pertenecer al grupo poblacional en riesgo de exclusión digital crece con la edad y disminuye cuando aumentan los estudios, la cualificación profesional, los recursos del hogar o el grado de urbanización de la zona de residencia.

Pérdida de oportunidades y exclusión social

La exclusión digital se traduce en una pérdida de oportunidades y mayores desventajas en diferentes ámbitos (laboral, educativo, relacional o de salud), alimentando los procesos de exclusión social. Identificar las características socioeconómicas de la población más vulnerable a la exclusión digital es importante porque ofrece orientación sobre las medidas más adecuadas para corregirla. Además, si la atención al público, las ayudas o la información esencial se desplazan al ámbito digital (online), sin apoyos suficientes, las desigualdades se agudizan entre quienes aprovechan las oportunidades derivadas del uso de las tecnologías digitales y aquellos que se quedan atrás.

A nivel territorial, las diferencias entre comunidades autónomas son importantes, como muestra el siguiente mapa:

Los resultados de esta investigación contribuyen a identificar las diferentes dimensiones del perfil social de la población vulnerable a la exclusión digital. Así, es posible establecer medidas más adecuadas para evitarla mediante formación práctica, acompañamiento cercano (especialmente para personas mayores), recursos para hogares con menos ingresos y, sobre todo, el mantenimiento de vías presenciales o asistidas en los servicios esenciales. De este modo, la vida digital puede sumar oportunidades en lugar de convertirse en una barrera.

Referencia:

García-Luque, O., López-Martínez, M., & Rodríguez-Pasquín, M. (2026). Exclusión digital: aproximación al perfil social de las personas en riesgo. Revista OBETS, 21(1), 17–42. https://doi.org/10.14198/obets.29904.


Autoras del artículo divulgativo:

Olga García-Luque, María López-Martínez y Myriam Rodríguez-Pasquín
Departamento de Economía Aplicada
Universidad de Murcia


Fuente: Scientias

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