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Evitar las noticias no protege frente a la ansiedad climática en los jóvenes

La juventud gestiona la información climática de modos diferentes, experimentando mayor o menor ansiedad. Un nuevo estudio identifica dos perfiles frente a esta situación. Por un lado, un perfil muy afectado que evita informarse y que muestra un mayor uso problemático de Internet. Por otro lado, un segundo perfil menos preocupado que no evita la información. Los resultados subrayan que la evitación, más que la exposición informativa, incrementa el malestar y limita la capacidad de afrontamiento.


Muchas personas jóvenes experimentan miedo, tristeza o desesperanza ante la crisis ambiental, tal y como han corroborado estudios científicos internacionales. Sin embargo, al analizar la relación de estos sentimientos con la información climática surge una paradoja: quienes más se preocupan no siempre son quienes más se informan.

Mientras algunos sectores de la juventud evitan activamente noticias sobre incendios o fenómenos extremos, otros grupos, menos afectados emocionalmente, continúan informándose sin que ello se asocie a mayor malestar. La cuestión no es solo por qué una parte evita la información, sino por qué esta resulta emocionalmente desbordante para ciertas personas y no para otras.

Preocuparse no siempre implica querer saber más

La ansiedad climática, una combinación de inquietud persistente y sensación de amenaza futura, está ampliamente documentada. No obstante, la psicología del riesgo ha mostrado que una mayor preocupación no siempre conduce a una mayor búsqueda de información. Cuando las amenazas se perciben como graves pero difíciles de controlar, pueden activarse estrategias defensivas para reducir el malestar. Una de las más frecuentes es la evitación informativa. Este patrón no implica negación ni indiferencia, sino una forma de regulación emocional que suele aparecer cuando la preocupación es alta y la percepción de eficacia para actuar es baja.

Dos perfiles frente al cambio climático

En un estudio reciente llevado a cabo con más de 600 jóvenes españoles de entre 18 y 29 años, nuestro grupo de investigación ha identificado dos perfiles diferenciados frente al cambio climático. Un primer perfil, “preocupado y afectado”, se caracteriza por altos niveles de ansiedad climática y carga emocional. Paradójicamente, este grupo muestra mayor tendencia a evitar información sobre el cambio climático y mayores niveles de uso problemático de Internet. Por otro lado, un segundo perfil “desvinculado y poco afectado” presenta menor preocupación y mayor distancia psicológica. Cabe destacar que este perfil no evita la información climática: continúa expuesto a noticias y contenidos ambientales sin que ello se asocie a un mayor malestar.

Estos resultados coinciden con investigaciones recientes que señalan que un mayor conocimiento ambiental se asocia con niveles más bajos de ansiedad climática. De esta manera, una implicación cognitiva sostenida con el cambio climático puede amortiguar el malestar emocional, mientras que la evitación puede debilitar los recursos psicológicos necesarios para afrontarlo.

Informarse no es el problema

Uno de los hallazgos más consistentes de nuestro estudio es que la información en sí misma no parece generar ansiedad. Los resultados muestran que la búsqueda activa de datos se asocia a menor probabilidad de pertenecer al perfil más afectado, mientras que la evitación predice el malestar.

La clave no parece estar en cuánta información se consume, sino en cómo se procesa y con qué sensación de control se afronta. Cuando la información no se traduce en una mayor sensación de control o capacidad de acción, puede aumentar la angustia, y la evitación termina funcionando como una estrategia de alivio a corto plazo.

El refugio digital

El perfil más afectado también mostraba mayores niveles de uso problemático de Internet, en línea con modelos que interpretan determinadas conductas digitales problemáticas como intentos de manejar emociones negativas o situaciones de estrés.

Aunque este uso compulsivo puede aliviar momentáneamente el malestar, también puede reforzar una dinámica de evitación: al distraerse, la persona reduce su exposición a información relevante, disminuye su sensación de control y la preocupación persiste.

Un reto comunicativo

También hemos observado que el problema no es la cantidad de información que reciben los jóvenes, sino su encuadre. Cuando los mensajes enfatizan exclusivamente la gravedad y la urgencia de los hechos, sin incorporar referencias a una eficacia colectiva, a una posible acción o a avances concretos, pueden aumentar la sensación de impotencia y favorecer la retirada emocional.

La conciencia ambiental, por sí sola, no garantiza un compromiso sostenible. Informarse puede generar incomodidad, pero también puede fortalecer la sensación de control si la información se percibe como procesable y vinculada a formas de acción concretas. El reto, por tanto, consiste en diseñar marcos comunicativos que permitan sostener la preocupación sin que esta se transforme en bloqueo o evitación.

Referencia:

Navarro, R. (2026). Climate change response profiles and digital behavior: cluster-based insights from Spanish young adults. Sociological Spectrum, 1-24. https://doi.org/10.1080/02732173.2025.2611873


Autores del artículo divulgativo:

Raúl Navarro
Universidad de Castilla-La Mancha


Fuente: Scientias

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